Política Eventos Local 2026-01-01T22:25:49+00:00

Detención de oficial de policía por homicidio en Buenos Aires

Un tribunal de Buenos Aires arrestó a un policía por el asesinato de un ciudadano. Las protestas públicas y los videos del lugar del crimen jugaron un papel clave en la investigación, demostrando que la muerte fue resultado del abuso policial, no de una pelea.


Detención de oficial de policía por homicidio en Buenos Aires

Ayer, la jueza Laura Bruniard ordenó la detención del oficial primero Miño, de la Policía de la Ciudad, por el delito de homicidio agravado. Miño bajó del patrullero con la decisión de “resolver” el altercado, pese a que ya había media docena de efectivos rodeando a Juan Gabriel, que estaba descalzo y sin remera. El dato decisivo y mortal fue otro: recibió nueve postas de plomo que perforaron sus pulmones. La movilización popular garantizó que el crimen no quedara impune. Si algo positivo trajo la tecnología fue que cualquier celular puede registrar los hechos: las imágenes circularon en redes sociales y permitieron ver el homicidio mientras, en los medios, “se investigaba” la muerte de alguien supuestamente causada por “una pelea”. Gatillo fácil en Villa Lugano: Clarín insiste con una nueva versión de «La crisis causó dos nuevas muertes». También se evitó la muerte en vida de su amigo, Anastasio Néstor Chávez, a quien se ve en los videos intentando separar los golpes entre los efectivos y Gabriel. Las imágenes documentaron el hecho y su difusión fue clave. Sin embargo, Anastasio fue luego acusado por el oficial de la Policía de la Ciudad Leandro Torres y el inspector Mauricio Ibarra, bajo la carátula judicial: “imputado en actuaciones judiciales caratuladas – Artículo 95 – Homicidio en riña”. No existía posibilidad alguna de amenaza. Lo que vino después vuelve a mostrar que la policía dispone de un dispositivo de asesinato que, en general, goza de impunidad: el gatillo fácil. La autopsia da cuenta de contusiones, golpes, heridas por disparos de goma y palazos sufridos por Juan Gabriel González. Anastasio estuvo a punto de convertirse en el chivo expiatorio: quizá veinte o veinticinco años de prisión por una invención destinada a salvar al asesino, Daniel Miño. Una herida de 14 cm de diámetro disparada con precisión por el agente Daniel Miño, en plena Navidad y a plena luz del día. Pero su fusilamiento no se produjo por el uso malicioso de una posta de goma ni por un cartucho de gas lacrimógeno —como ocurrió en el caso de Pablo Grillo—. Camilo Escobar, Joel Pizarro y una lista interminable de nombres lo confirman. Como señalaron sus familiares, “fueron los vecinos quienes dijeron la verdad”.